Murciélagos y Flores, esta combinación forma parte de la decoración en Pistilo Bar, uno de los nuevos favoritos en la Roma que sin duda es un imperdible para el precopeo esta Spooky season. Su ambiente cálido y su distribución en barras con velas encendidas y luz tenue, hacen que te sientas en una atmósfera oscura, pero cozy.
Además de esto, Pistilo sobresale no solo por su propuesta de coctelería mexicana contemporánea, sino por una dinámica que busca recuperar algo que a veces se pierde entre reservaciones, mesas y conceptos demasiado producidos: salir a tomar algo y terminar hablando con alguien que no conocías.
Encontrarlo es parte de la experiencia. Desde afuera no hay un gran letrero ni una entrada particularmente evidente. Una pequeña señal verde con la palabra “abierto” es prácticamente la única pista. La puerta permanece cerrada y hay que animarse a cruzarla para descubrir qué sucede detrás.
Pistilo forma parte de una categoría todavía poco habitual en la Ciudad de México: los stand up bars, espacios donde buena parte de la experiencia ocurre de pie y la distribución está pensada para favorecer el movimiento y la interacción.
Aquí no necesariamente se trata de encontrar una mesa, instalarse durante horas y hablar únicamente con las personas con las que llegaste. La idea es circular, pedir otro trago, cambiar de lugar y dejar que la noche avance.
Por eso también funciona particularmente bien para comenzar la noche antes de ir a otro sitio, aunque fácilmente puede convertirse en el plan completo.

Coctelería mexicana original en Pistilo Bar
Otro de los grandes atractivos está detrás de la barra. La carta parte de sabores cotidianos mexicanos —incluidas las aguas frescas— para llevarlos hacia la coctelería contemporánea mediante destilados nacionales.
Entre las bebidas más representativas aparecen propuestas como el Pulque Spritz, el Slushie ¡Ay Sí! y la interpretación de Pistilo del clásico Vampiro. Además, la selección de destilados reúne etiquetas provenientes de diferentes estados del país, elegidas por la diversidad de sus perfiles.
Pero después de probar la carta, hubo dos tragos que se convirtieron inmediatamente en mis favoritos.
El primero fue el slushie de cereza. Helado, divertido y peligrosamente fácil de tomar, tiene ese equilibrio entre lo dulce, lo fresco y lo alcohólico que hace que quieras pedir otro prácticamente en cuanto se termina. La textura tipo granizado también lo convierte en uno de esos tragos que se sienten especialmente bien para comenzar la noche.
El segundo fue el espresso martini, que se aleja un poco del universo frutal para entrar en un terreno más intenso. Si eres amante del café, es difícil equivocarse con este: tiene carácter, pero sigue siendo suficientemente equilibrado para no sentirse pesado. De los tragos que probé, fue el otro que definitivamente volvería a pedir.
Un bar que también funciona como galería
En Pistilo el arte no está colocado únicamente como decoración. Gran parte del equipo detrás del proyecto está relacionado con el mundo artístico y del coleccionismo, por lo que la selección de piezas, mobiliario y objetos forma parte de la identidad del lugar.
Hay obras comisionadas específicamente para el espacio junto con piezas de artistas contemporáneos y consolidados. El resultado es una especie de caos controlado: distintos objetos comparten el mismo espacio sin competir entre ellos y siempre parece haber algo nuevo que mirar.
Esa curaduría también ayuda a explicar por qué Pistilo se siente distinto a otros bares de la zona. Más que seguir una estética específica para ser fotografiable, construye su propia personalidad.
Música y comunidad
La idea de comunidad se extiende hasta la música. Los miércoles y domingos, artistas y personajes vinculados con el ecosistema creativo toman el control de la playlist y modifican la atmósfera del bar a partir de su propia selección musical.
Pistilo es de esos lugares de la Roma Norte que funcionan para ir por un trago, para comenzar la noche o simplemente para dejar que el plan se arme sobre la marcha.