Puerto Escondido ha evolucionado. Lo que durante años fue un destino asociado únicamente al surf y al ritmo relajado del Pacífico hoy también se ha convertido en uno de los escenarios más interesantes para la hospitalidad de diseño en México. En medio de esa transformación, Kymaia se posiciona como una propuesta que entiende el lujo desde una perspectiva de exclusividad: la privacidad, la arquitectura integrada al paisaje y el bienestar como parte esencial de la experiencia.
Ubicado en Playa Puertecito, a aproximadamente 30 minutos de Puerto Escondido, el hotel concebido por Ezequiel Ayarza Sforza —fundador de Casona Sforza— Kymaia evita los excesos visuales para enfocarse en una estética mucho más contenida y contemplativa, logrando un espectacular hotel que dialoga con la costa oaxaqueña.

Arquitectura que se funde con el paisaje
Uno de los grandes aciertos del hotel es su aproximación arquitectónica. El proyecto, desarrollado por el estudio mexicano Productora, apuesta por una materialidad cálida en la que predominan las maderas, los estucos y las arcillas locales, creando una estética de líneas limpias que se integra naturalmente con el entorno.

Lejos de imponer una estructura ajena al paisaje, el hotel parece surgir de la misma tierra. Los tonos arena, las texturas orgánicas y la vegetación cuidadosamente incorporada generan una sensación de continuidad entre arquitectura y naturaleza.

La propiedad mantiene además una escala íntima para solo adultos. Con solo 22 suites distribuidas estratégicamente dentro del terreno, Kymaia apuesta por una hospitalidad de baja densidad donde la privacidad se convierte en uno de los principales lujos.
Las Ocean Front Suites ocupan las áreas más privilegiadas del complejo y cuentan con vistas abiertas al Pacífico y piscina privada, mientras que las Junior y Senior Suites reinterpretan referencias de la arquitectura prehispánica a través de volúmenes geométricos y espacios abiertos al exterior. Algunas incorporan hot tubs y otras pequeñas piscinas que asemejan un cenote rodeadas de vegetación, reforzando esa sensación de aislamiento sereno que domina toda la experiencia.
El paisajismo también juega un papel importante dentro de la narrativa del hotel. Jardines como El Palmar, La Nopalera, El Humedal y El Guayacán fueron concebidos para recrear ecosistemas propios de la región y reforzar la conexión con la biodiversidad local. Es impresionante la cantidad de flores y color espectacular de cada una de ellas.

Propuesta gastronómica con ingredientes locales

La gastronomía en Kymaia evita caer en la complejidad innecesaria y encuentra su fuerza en el producto, la técnica y el contexto. Bajo la dirección del chef Eduardo García, la cocina del hotel toma ingredientes y sabores oaxaqueños como punto de partida para construir una propuesta contemporánea y profundamente ligada al territorio.
La experiencia culinaria se divide entre tres conceptos distintos: Septimus, Huachinango Bar y La Cueva, un restaurante subterráneo cuya atmósfera íntima y casi ceremonial contrasta con la luminosidad natural del resto de la propiedad.
Más allá de la estética, el proyecto gastronómico busca mantener una conexión constante con los ingredientes locales y con ciertas técnicas tradicionales reinterpretadas desde una mirada contemporánea. El resultado es una cocina que acompaña el ritmo pausado del hotel y que se integra naturalmente a la experiencia general de bienestar y desconexión.
Nos encantó la cena degustación con maridaje, además de los desayunos, pide el pan francés que será el más rico que hayas probado.
Wellness contemporáneo frente al Pacífico
El wellness en Kymaia es un complemento del hotel y uno de los ejes centrales de la experiencia. Empezando con la tranquilidad en sí misma que evoca el hotel y la privacidad, así como el circuito de agua en la alberca para practicar cold plunges —que están en tendencia por sus benefeicios a la salud—, a través de Azumi Wellbeing Center, el hotel desarrolla una propuesta holística que combina prácticas ancestrales, terapias contemporáneas y actividades enfocadas en la reconexión física y mental.

Ubicado frente al mar, Azumi incorpora experiencias como temazcal, sauna finlandesa, baños de hielo y sesiones guiadas que integran respiración, movimiento y meditación. Uno de los rituales más distintivos es el protocolo de “despertar consciente”, diseñado para estimular el sistema inmunológico y activar el cuerpo mediante una secuencia que combina calor, frío, respiración holotrópica y ejercicios de bajo impacto.
La propuesta se complementa con sesiones de yoga flow, qigong, calistenia y distintos tipos de masaje —desde tratamientos holísticos hasta terapias deportivas y linfáticas—, además de un Shala concebido específicamente para prácticas contemplativas.
En un momento donde muchos hoteles hablan de bienestar desde la tendencia, Kymaia apuesta por una visión más pausada y profundamente conectada con el entorno. Una hospitalidad donde el verdadero lujo parece estar, precisamente, en bajar el ritmo.