Estás en un restaurante, la carta de vino llegó a la mesa y elegiste una botella. Todo va perfecto, hasta que el mesero regresa, la presenta, la descorcha y sirve una pequeña cantidad en tu copa. Se queda ahí, mirándote, esperando tu aprobación. Ese momento, que para muchas es incómodo o desconcertante, en realidad es una cortesía. Y saber responder con seguridad transforma una simple cena en una experiencia de lujo y disfrute.
Catar un vino en restaurante no significa que debas tener conocimientos de sommelier ni ser experta en etiquetas. Se trata de confirmar que la botella está en buenas condiciones: sin defectos, sin aromas extraños, sin corcho dañado. Saber cómo reaccionar, con naturalidad, forma parte del ritual que envuelve al buen servicio y a las experiencias gastronómicas de alto nivel.
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¿Cómo se cata un vino?
Primero: toma la copa desde el tallo. Es un gesto sutil que evita calentar el vino con tus manos y proyecta seguridad. Después, inclina ligeramente el cristal y observa el color: un vino limpio, brillante y sin residuos visibles ya te dice mucho. Luego, llévalo a la nariz. Un par de inhalaciones suaves bastan. Si el vino huele bien (a fruta, madera, especias, flores o incluso tierra) puedes dar el siguiente paso: probarlo.
No necesitas agitarlo en la boca ni describir notas complicadas. Solo saborea con atención. Si todo está en orden, basta con asentir o decir un sencillo “Está perfecto, gracias”. Y entonces, el vino será servido para el resto de la mesa.

Ahora bien, ¿cómo saber si el vino está en mal estado? Aquí algunas señales que puedes identificar fácilmente:
¿Cómo reconocer un vino en buen estado?
Vino tinto
- Color: Debe tener un tono profundo, uniforme y brillante (rojo rubí, granate o púrpura, según el tipo). Si luce opaco o con tonos marrones/oxidación, puede estar pasado.
- Aroma: Debe oler a fruta madura (ciruela, cereza, mora), especias o madera. Si huele a humedad, cartón mojado o vinagre, algo anda mal (podría estar “picado”).
- Sabor: Rico, equilibrado, con cuerpo. No debe dejar sensaciones metálicas, amargas sin sentido o planas como si llevara días abierto.
Vino blanco
- Color: Debe ser claro, brillante, con tonos que van del amarillo pálido al dorado. Si se ve turbio o demasiado oscuro (ámbar), hay problema.
- Aroma: Debe ser fresco, con notas cítricas, florales o frutales. Si detectas olor a cebolla, ajo o algo rancio, probablemente se echó a perder.
- Sabor: Ligero y fresco, incluso si es seco. Si sabe avinagrado o plano como agua con alcohol, no está en buenas condiciones.
¿Qué pasa si algo no te gusta al probar un vino durante la cata?
Si presenta alguno de estos defectos, puedes rechazarlo. Hazlo con naturalidad y sin disculpas: los restaurantes están preparados para resolverlo. En cambio, si simplemente no te gustó el sabor o te parece “demasiado seco”, no aplica devolución, a menos que haya un error en el servicio (como una añada distinta a la que pediste).
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Razones por las que no se debe rechazar el vino
- Porque no es de tu agrado personal.
Si el vino no es de tu gusto, pero no presenta defectos, no se justifica su devolución. Elegiste la etiqueta, y el restaurante cumplió al traer justo eso. - Porque es “muy seco”, “muy fuerte” o “muy ácido”.
Esas son características típicas de ciertos tipos de vino (como un Cabernet Sauvignon o un Sauvignon Blanc). No son fallas, sino parte del perfil del vino. - Porque esperabas algo más dulce o ligero.
La dulzura, cuerpo o ligereza del vino dependen del tipo y de la vinificación. No se puede devolver solo por no coincidir con tus expectativas. - Porque no reconoces los aromas.
No es necesario identificar “notas de frutos rojos o madera francesa”. La cata en restaurante es para detectar defectos, no para emitir un juicio profesional. - Porque la añada (año de cosecha) fue distinta y tú no preguntaste.
Si no especificaste la añada al pedirlo, y el vino entregado corresponde al que aparece en la carta, no aplica devolución. - Porque no sabes catarlo y crees que huele “raro”.
Algunos vinos (especialmente naturales o envejecidos) tienen aromas inusuales. No siempre son defectos. Si tienes duda, pide una segunda opinión con amabilidad. - Porque ya lo abriste y te arrepentiste.
Una vez abierta la botella, el costo ya corre por cuenta del restaurante. Solo puedes devolverla si presenta un defecto objetivo.
Aceptar o rechazar un vino no debería ser motivo de estrés, sino parte de la experiencia. Como pedir una recomendación al chef o elegir una copa para el postre, catar el vino es una oportunidad para disfrutar con atención, involucrarte con la comida y reafirmar tu gusto sin necesidad de pretender.
No hay una forma “correcta” de comportarse en este tipo de situaciones, pero saber qué esperar y cómo actuar te permite moverte con seguridad, incluso en los entornos más formales. Porque el verdadero lujo no está en sabérselas todas, sino en sentirte cómoda, informada y en control del momento.
Así que la próxima vez que te ofrezcan probar el vino, míralo como lo que es: un gesto para ti. Y brinda por saber disfrutarlo.