El Día de Muertos es una de las tradiciones más bellas y complejas de México, un acto solemne que fusiona la memoria, el arte y la espiritualidad. Sin embargo, en los hogares que han sufrido una pérdida reciente, surge una duda profunda y delicada: ¿se debe colocar una ofrenda de Día de Muertos a la persona que acaba de fallecer?
La respuesta a esta pregunta tiene matices importantes que oscilan entre la norma ancestral dictada por la cosmovisión prehispánica y la costumbre familiar moderna. Como especialista en cultura y tradiciones, te guío a través de la razón simbólica detrás de esta regla y la práctica actual para que tomes la mejor decisión al honrar a tu ser querido.
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La cronología de las almas
Es importante recordar que las ofrendas se ponen en fechas específicas según el tipo de alma:
- 28 de octubre: Se honra a quienes murieron de forma violenta o repentina (accidentes).
- 30 y 31 de octubre: Destinados a los niños que murieron sin ser bautizados.
- 1 de noviembre: Día de Todos los Santos, dedicado a los niños fallecidos (angelitos).
- 2 de noviembre: Día de los Fieles Difuntos, dedicado a los adultos difuntos.
El alma de un recién fallecido se une al altar en la fecha que le corresponde, pero solo después de haber completado su ciclo. En última instancia, lo que honra y mantiene viva la tradición es el respeto, el cariño y la memoria con que la familia decide dialogar con su recuerdo.
La norma para la ofrenda: el año de espera y el viaje al Mictlán
Según la cosmovisión prehispánica, el alma de un recién fallecido emprende un viaje largo y lleno de obstáculos hacia el Mictlán (el inframundo mexica) antes de alcanzar el descanso eterno. La tradición más estricta indica que deben pasar al menos un año desde el fallecimiento antes de que se le pueda colocar la ofrenda completa al difunto.
Esta espera es crucial y tiene varias razones simbólicas profundas:
- El tránsito del alma: Colocar una ofrenda antes del primer aniversario podría, según la creencia, interferir con el viaje del alma, ya que el espíritu no ha completado su tránsito ni se ha adaptado a su nuevo destino.
- El papel de guía: Hay comunidades donde se cree que los recién fallecidos tienen la tarea de guiar a las almas más antiguas hasta su ofrenda durante este primer año. Por lo tanto, el alma del ser querido no puede regresar todavía para disfrutar la propia. Solo después, cuando el alma ha avanzado en su camino, se le recibe con flores, comida y recuerdos en el altar.
En este sentido, esperar el primer aniversario simboliza el cierre de un ciclo, permitiendo a los seres queridos adaptarse a la ausencia y encontrar consuelo en los recuerdos compartidos, sin perturbar el camino del alma.
La práctica moderna: cuándo el afecto rompe la regla
Aunque la regla ancestral es clara en recomendar la espera, las costumbres se han flexibilizado con el tiempo, y es aquí donde la decisión familiar y el deseo de la memoria toman peso.
En la actualidad, muchas familias deciden incluir la foto y la ofrenda del ser querido desde el primer Día de Muertos, movidas por el afecto y el deseo de recordarlo inmediatamente, más que por la norma cultural. Si una familia siente la necesidad de rendir homenaje a su ser querido, puede hacerlo, pues “la tradición marca la pauta, pero cada quien decide cómo y cuándo honrar la memoria de los suyos”.

Formas alternas de honrar al recién fallecido
Si prefieres honrar la memoria de tu ser querido, pero deseas respetar el espíritu de la tradición de esperar el primer aniversario, puedes optar por formas más sencillas de acompañamiento:
- Veladoras y oraciones: Hay familias que deciden rendir homenaje al recién fallecido encendiendo veladoras o dedicándole oraciones, sin montar un altar completo, en señal de acompañamiento en su tránsito espiritual.
- Elementos básicos: Si optas por una ofrenda simbólica, puedes incluir solo elementos básicos como el agua (para mitigar la sed de su largo recorrido), la sal (para purificación) y flores blancas (símbolo de pureza). Esto demuestra respeto sin perturbar el camino del alma.
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