California es una meca para los amantes del vino, y aunque el Valle de Napa goza de fama mundial, existen otras regiones que enriquecen la experiencia enológica del estado con propuestas únicas. Después de nuestro viaje por el destino descubrimos no solo los clásicos, sino también nuevas formas de vivir el vino. Este recorrido de cinco días por Oakland, Napa y Mendocino es perfecto para quienes buscan explorar California a través de sus sabores, un maridaje perfecto entre historia, hospitalidad, naturaleza y, por supuesto, una buena copa.

Oakland: el punto de partida inesperado para un viaje gourmet
Aunque Oakland suele pasar desapercibida como destino turístico, esta ciudad del área de la Bahía de San Francisco es el escenario perfecto para iniciar un recorrido con enfoque culinario. La gran ventaja es que cuentan con vuelos directos desde México y puede empezarse por ahí una ruta para los amantes del vino y gastronomía.

Nuestro hospedaje fue el histórico Claremont Resort & Club, ubicado en Berkeley. Con su arquitectura de principios del siglo XX y vistas panorámicas a la bahía, este hotel mezcla el encanto de lo clásico con servicios modernos. Fue la base ideal para explorar la oferta gastronómica de Oakland. Por lo que lo recomendamos ampliamente, especialmente si los viajeros son amantes del tenis ya que ofrece canchas espectaculares.
Entre las paradas obligadas en Oakland para descubrir más del destino destaca: el desayuno en la panadería Tarts de Feybesse, famosa por su creatividad en repostería francesa, fue un despertar dulce y artístico. Además de las clases de cocina en Kitchen on Fire, ubicada en San Pablo Avenue, que permite entrar en contacto con ingredientes locales y aprender técnicas de la mano de chefs expertos.
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Además, se puede explorar la Oakland Ale Trail, una ruta de cervecerías artesanales que, aunque se aleja del vino, enriquece la experiencia sensorial con sabores locales fermentados. El día cerró con una romántica paseo en góndola por el Lago Merritt y una cena inolvidable en Jaji, restaurante que ofrece cocina afgana contemporánea.
Oakland es una región que seguramente se convertirá en un destino gastronómico en potencia de California debido a los productos locales, la mezcla e intercambio cultural, así como el amor por la mesa de sus habitantes.

Napa Valley: entre castillos y etiquetas legendarias
Al día siguiente, rumbo a Napa Valley, un nombre que cualquier amante del vino reconoce con admiración. Comenzamos en el mercado gourmet Oxbow Public Market, donde el desayuno se convierte en una exploración de sabores locales, desde cafés de especialidad hasta panes artesanales y quesos regionales, ideal para comprar un souvenir comestible para tus seres queridos.

Una visita obligada debe ser a Castello di Amorosa, una bodega construida como un auténtico castillo medieval inspirada en los castillos italianos. Más allá de su impresionante arquitectura con torres, mazmorras y pasadizos, el vino que se sirve ahí tiene cuerpo, historia y carácter ya que cuentan con influencias europeas. Cada sala de degustación parece sacada de una película, pero con vino real y etiquetas que puedes llevarte a casa. La terraza es espectacular para poder degustar copas de vino blanco y refrescar la tarde acompañada por quesos.

Continua la ruta hacia Priest Ranch Winery, en Yountville, donde puedes maridar vinos de producción limitada con una propuesta gastronómica ligera pero sofisticada. Aquí, el ambiente fue más relajado y moderno, ideal para entender la evolución del vino en la región hacia nuevas generaciones de enólogos. Lo más increíble de este lugar es que tienen disponibles catas con tocino, donde lucen más sus espectaculares vinos tintos. Perfecto para entender el por qué California siempre será reconocido por sus vinos tintos exquisitos y con cuerpo.
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Recomendamos cerrar el día con una cata vespertina en Picayune Cellars, en el corazón de Calistoga, una pequeña sala que ofrece un enfoque boutique, íntimo y personal. El lugar perfecto para terminar la jornada con vinos suaves, conversación y una vibra artística.

Mendocino: vino con aroma a bosque y sabor a mar
La joya del viaje fue Mendocino. Esta región, mucho menos turística que Napa, ofrece una conexión más directa con la tierra y un enfoque artesanal del vino. El recorrido por la carretera 128 desde Napa hasta Boonville y Philo, en la región conocida como Anderson Valley, es un regalo para los sentidos: curvas entre árboles centenarios, colinas verdes y viñedos escondidos en medio del bosque.

La gente de California describe a Mendocino como si fuera un “Napa” cuando la región apenas empezaba a ser popular, con poca gente, comunidad, y practicamente un destino boutique.
La primera parada debe de ser Pennyroyal Farm, una granja con viñedo donde el vino se produce junto con quesos de cabra y oveja. Ahí probamos blancos frescos, tintos elegantes y quesos añejados que hacen del maridaje una experiencia completa. El ambiente es rústico, natural, auténtico y probablemente una de las mejores experiencias de este itinerario.
Después, recomendamos llegar a Roederer Estate, en Philo, donde el espumoso californiano alcanza niveles de excelencia comparables a los de Champagne. Los viñedos aquí están rodeados de neblina costera, lo que da a las uvas una acidez perfecta para vinos espumosos. Las burbujas, el entorno y la atención hacen sentir un rincón secreto del paraíso.

Nuestra estadía fue en el Heritage House Inn & Resort, ubicado en la comunidad de Little River. Este hotel boutique frente al mar, con vista directa al Pacífico, tiene el encanto de una cabaña de lujo. Cada habitación tiene su propia terraza, chimenea y una sensación de aislamiento pacífico. Al atardecer, caminamos por el pueblo de Mendocino y más tarde, vivimos una experiencia muy especial: el Glen Blair Bar Train, un tren-bar nocturno que atraviesa el bosque iluminado con luces, música y nostalgia.

Este viaje por Oakland, Napa y Mendocino fue una experiencia completa, una celebración de la diversidad vinícola de California. Desde castillos hasta granjas, desde espumosos de clase mundial hasta vinos boutique con historia, lo que descubrí es que el vino no solo se bebe, se vive.