La Isla de Janitzio y el Lago de Pátzcuaro son el epicentro de una de las tradiciones más emblemáticas y místicas de México. En las serenas aguas de este lago, en el corazón de Michoacán, la celebración del Día de Muertos trasciende el ritual para convertirse en un fenómeno de belleza inigualable. Estos dos parajes (la ribera principal de Pátzcuaro y la mágica isla) se convierten en el escenario del “Camino de Cempasúchil”, un evento que atrae a viajeros de todo el mundo y que rinde un profundo homenaje a la vida de quienes partieron.
El corazón de la tradición: qué es el Camino de Cempasúchil
El “Camino de Cempasúchil” es la manifestación física de una antigua creencia purépecha. Esta cultura indígena, profundamente arraigada en la zona lacustre de Pátzcuaro, sostiene que al morir, las almas no desaparecen, sino que “vuelan como mariposas monarcas sobre el lago de Pátzcuaro hasta la Isla de Janitzio para llegar a descansar”.
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La esencia de este ritual es guiar a esos espíritus en su regreso terrenal, por lo que el cempasúchil, la flor solar de pétalos vibrantes, es la gran protagonista. Al atardecer, durante la festividad, los pobladores extienden pétalos y colocan ofrendas florales que, en conjunto, crean un sendero visible y aromático que, simbólicamente, conecta a los vivos con sus ancestros. Es un momento de recogimiento, donde se anula la tristeza y se prioriza la veneración y la memoria.

¿Cuándo se celebra la fiesta grande de la Isla de Janitzio?
Si bien las festividades del Día de Muertos en México se extienden durante varios días, la fiesta grande en Pátzcuaro y la Isla de Janitzio tiene su clímax durante la noche del 1 de noviembre.
Es en este momento cuando se puede apreciar el ritual en todo su esplendor. Los pobladores de las comunidades ribereñas y la isla, ataviados con respeto y emoción, emprenden una travesía simbólica. Navegan en pequeñas embarcaciones y canoas tradicionales a través del lago, portando las ofrendas para sus difuntos. Al llegar al panteón de la Isla de Janitzio, comienza la vigilia que dura toda la noche.
La vigilia nocturna: un mar de luces y rezos
Una vez en el panteón, cada familia se dedica a construir un altar en torno a las tumbas de sus seres queridos. Las ofrendas son ricas en simbolismo y sentimiento: flores de cempasúchil, pan, frutas, los platillos favoritos del difunto y recuerdos para venerar y recordar a quienes ya no están en este plano terrenal.
La atmósfera es inigualable. El cementerio se ilumina por completo con la luz de las velas, creando un mar de pequeñas flamas en medio de la oscuridad. El silencio solo es interrumpido por los rezos y los cantos en lengua purépecha.
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Para el viajero que busca ser testigo de este espectáculo cultural, la mejor recomendación es subir a la cima del monumento a Morelos. Desde allí, la vista panorámica del lago y de la isla iluminada por las velas es absolutamente mágica y sobrecogedora.
El Camino de Cempasúchil es, en esencia, una invitación a vivir una de las tradiciones que mejor definen la identidad mexicana y que nos recuerdan que la muerte, lejos de ser un final, es una parte intrínseca de la vida. Para emprender este viaje inolvidable, basta con tomar la Carretera Morelia-Uruapan y sumergirse en la experiencia.